Clube de Adictos a Deep Purple

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Púrpura Chess

This blog is basically a musical site. Here we talk about the music we like, using different angles. As dear and missed Jon Lord once said: “Music is the highest kind of Art that exists”. I think the same way too.

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sábado, 24 de diciembre de 2016

SCORPIONS 50 ANIVERSARIO: Lugares emblemáticos y anecdóticos de su recorrido musical (Alemania, Portugal y España). III


En un suspiro cerramos el año del cincuenta aniversario de Scorpions. Nuestros queridos Rudolf Schenker y Klaus Meine, con la compañía de Matthias Jabs desde hace casi cuarenta años y las últimas incorporaciones del bajista Pawel Maciwoda primero junto al batería Mickey Dee hace apenas unos meses, llevan todo este tiempo haciéndonos felices con su música.
No se me ocurre mejor manera de cerrar este año 2016 que con una tercera entrega de la visita a esos lugares perdidos en el tiempo que han sido, de un modo u otro, testigos mudos del devenir de esta excepcional banda a lo largo de todos estos días de nuestras vidas. Tras revisar recientemente ese entrañable documental que nos regalaba en forma de película la directora Katja Von Garnier dedicado a la historia del grupo germano mientras les acompañaba con su cámara durante gran parte del recorrido de la gira de despedida –alguien se lo puede creer– que realizaron, al igual que otros grandes grupos coetáneos que también anunciaron en su día que se retiraban aunque finalmente no lo llevasen a cabo, no podía evitar por menos que entristecerme y permitir que alguna que otra lágrima furtiva fruto de la nostalgia viera la luz del sol mientras en la pantalla aparecían esas imágenes del grupo de principios de los setenta en formato Super-8 que mis ojos no habían contemplado nunca antes y que pertenecen a ese período primigenio de la banda tan escasamente documentado y que tanto me subyuga.


Dentro de este pequeño pero acogedor rinconcito de la red cerramos el año con los mismos protagonistas que lo abrieron. Sirvan las líneas de este fan descerebrado de la Música Rock en general y de Scorpions en particular como homenaje a esos cincuenta años de vida que ha cumplido la visión de Rudolph Schenker. Brindemos en su honor deseando que le queden, tanto a él como a sus camaradas de viaje, otros tantos más.

                                          Klaus Meine, su mujer Gabi y Katja Von Garnier.



Sporthalle. Hildesheim. Richthofenstrasse 37. 

De la mano del encantador batería Wolfgand Dziony encontramos datos sobre este concierto, parece ser que fue el segundo show que ofreció el grupo en su por entonces corto espacio de vida en el año 1965; desgraciadamente no se conoce la fecha exacta de su celebración. Hildesheim es una pequeña localidad cercana a Hannover y allí se acercaron nuestros queridos escorpiones para realizar una actuación como teloneros que constó de tres canciones únicamente. Uno de esos tres temas fue “Dizzy miss Lizzy”, un clásico de Chuck Berry que más tarde versionearon los Beatles. Recuerda Dziony que tuvieron que parar y volver a reanudar la canción hasta tres veces por un problema con sus platillos; qué más se puede decir… the good ol’ days. Dios mío, lo que daría por escuchar alguna grabación de esos primerísimos conciertos. Es una lata que casi todos los grandes grupos de Hard Rock tengan bien documentados sus más tiernos inicios, con grabaciones que suenan como el culo e incluso vídeos, mientras que en Scorpions parece que nadie dispusiese de una miserable grabadora que registrase esas actuaciones para la posteridad.




Río Leine. Hannover.

La orilla del río Leine, en las cercanías de Hannover, sirvió de marco para la celebración de un festival musical durante el verano de 1971. Scorpions fue uno de los grupos que actuaron en este festival del que tampoco se tiene clara la fecha exacta. Recuerda una vez más el entrañable batería Wolfgang Dziony algunas curiosidades de dicho show. En palabras del propio Dziony asistieron varios cientos de personas repartidos de una manera peculiar. El escenario estaba ubicado en una de las orillas del río por lo que, a excepción de un puñado de personas que pudieron colocarse junto en frente del escenario, casi la totalidad del público se encontraba situado en el otro margen de sus aguas. Curiosamente esa orilla se encontraba a más altitud que la del escenario, así que el respetable disfrutó de las actuaciones situado a unos quince metros por encima del propio escenario y de los músicos; de ahí la perspectiva de la foto que ilustra la actuación de Scorpions en ese marco tan curioso e inusual y que podemos observar más abajo –cortesía del propio Dziony–.




Estadio de Vallecas. Campo de Fútbol del Rayo Vallecano. Calle Payaso Fofó.

También es justo recordar el concierto que ofreció el grupo alemán en Madrid el día 16 de Agosto de 1986. En aquellos momentos el grupo atravesaba uno de los mayores de popularidad en España y en el resto del mundo, por lo que esta mini gira del verano del 86 les llevó a recintos con capacidades  de 20 a 40.000 personas. El concierto será tristemente recordado porque durante la actuación del grupo de Michael SchenkerMSG, que tocaba como telonero de su hermano– Miguel Ángel Rojas, un chico de veintitrés años, fue asesinado de una puñalada tras una discusión. Ni que decir tiene que este lamentable incidente sirvió a la mayoría de los medios de comunicación de entonces –los mismos de ahora, solo que con más capas de maquillaje– para demonizar una vez más al Rock duro en general y al movimiento del Heavy Metal en particular. Desde aquí todas nuestras condolencias y respetos a Miguel Ángel, familiares y seres queridos. D.E.P.




Pabellón de Deportes de Madrid. Paseo de la Castellana 259.

El antiguo recinto fue bautizado como Pabellón Raimundo Saporta en honor al fallecimiento en 1997 del presidente del equipo de baloncesto de la capital y demolido en el año 2004. En su lugar actualmente se encuentran ubicadas esas torres que tanto permiten a algunos lugareños sacar pecho. Este edificio tiene el curioso honor de ser el primer recinto español en el que actuó el grupo de Schenker y Meine. Tras varios años en los que el grupo cimentó su popularidad en Europa, desde su etapa con Uli Roth, finalmente Scorpions visitaron nuestro país en el año 1982. Nuestro grupo preferido había publicado siete discos de estudio y un doble disco en vivo antes de visitar nuestras soleadas tierras. Los germanos se encontraban en plena gira de presentación de su inmortal álbum “Blackout” cuando al fin un promotor los trajo en un excelente cartel que incluía a Blackfoot de teloneros. Scorpions más la banda del incombustible Rick Medlocke; eso es un cartel y lo demás son tonterías. Parece ser que la afluencia a esos primeros shows del grupo en nuestro país registraron una escasa afluencia de público, aunque afortunadamente ese aspecto se subsanó con creces en giras posteriores y, desde entonces, los escorpiones suelen ser habituales de nuestro país en sus giras mundiales.




Convento Do Beato. Lisboa.

Este recogido convento de la capital portuguesa fue el escogido por los alemanes para grabar el que fuera primer directo en acústico de su carrera. Los muros del claustro de esta construcción tan evocadora fueron testigos mudos de las actuaciones exclusivas que ofrecieron Scorpions y que acabaron dando forma al disco “Acoustica”.
La verdad es que el convento se encuentra ubicado prácticamente a las afueras de la ciudad. Está protegido por unos muros exteriores que difícilmente dejan adivinar la magia que desprende el recinto en su interior. Conviene aclarar que para visitar dicho convento hay que solicitar visita previa.





Palacio de Deportes. Portimao.

En este recinto se ha celebrado el único concierto con orquesta hasta la fecha dentro de toda la Península Ibérica. A principios del nuevo milenio Scorpions anunciaron una grabación conjunta con la prestigiosa Filarmónica de Berlín para conmemorar la Expo de Hannover 2000, convirtiéndose así en otro grupo más que se sumó a esa interesante moda de mezcla Hard Rock y Música Clásica. Lo curioso del asunto fue que consiguieron sorprender a propios y extraños con el producto final, unos impresionantes arreglos clásicos –cortesía del trabajo conjunto del director Christian Kolonovits y el propio grupo– que engalanaron las composiciones clásicas de los teutones para otorgarles una nueva perspectiva y una inusitada intensidad; vamos, la mezcla perfecta entre la grandiosidad del clásico y las melodías imbatibles Hard Rock de Scorpions. Debo reconocer que ha sido el disco de grupo de Rock con Orquesta que más me ha impresionado de todos los que he escuchado. La mayoría de ellos adolecen de arreglos de categoría, se enfoca la presencia de la orquesta como un mero acompañamiento, como si de un añadido de vientos se tratase, y ahí radica el error. Es fundamental desarrollar unos arreglos originales que sean capaces de realzar la música hasta elevarla a una categoría nueva y superior. No tenéis más que coger cualquiera de los discos de estas características que han publicado la mayoría de los grandes grupos de Rock o Pop en estos últimos años y escuchar con oídos imparciales para comprobarlo.
Recuerdo a la perfección mi primera escucha del disco “Moment Of Glory” que sacaron Scorpions y la Berliner Philharmoniker. Me acerqué a la tienda de discos –sí, antes existían tiendas de discos en las que podías adquirir la música que te gustase–, compré el cassette original, lo introduje en el walkman mientras me dirigía al metro y, desde los primeros compases, lo que empecé a escuchar me voló la cabeza; las intros, melodías, los arreglos, la producción –ese sonido de bajo tan contundente y tan integrado en la mezcla final de la versión de “Dynamite”– o las composiciones específicas para el disco me hicieron comprender que tenía entre mis manos algo especial… y cuando escuché más tarde la canción nueva titulada “We don’t own the world” comprendí que debía ver en directo ese concepto musical. El disco tiene una producción y un sonido de lujo, a la altura de las dimensiones de un proyecto tan ambicioso como éste lo era; basta con coger el tema “Deadly sting suite”, que no es más que una versión instrumental del clásico “He's a woman she's a man”, para darte cuenta de ello. Pocas veces me ha impresionado tanto una nueva adquisición musical, aunque esperar que Schenker, Meine y compañía trajesen a España todo este montaje era ridículo. La oportunidad llegó el verano del año siguiente: Scorpions actuaban en la localidad portuguesa de Portimao a mediados de Agosto, en vacaciones y relativamente cerca del hogar de mis progenitores; era perfecto. Lo organicé todo y la tarde anterior me encontraba dispuesto a entrar en mi coche, con cuatro cosas en la maleta y la discografía completa de Scorpions bajo el brazo para escuchar durante el viaje. Me siento, ajusto el cinturón, introduzco la llave en el contacto, la giro y… el coche no arranca. No me jodas. Tras intentarlo todo resultó imposible solucionar el problema. No me lo puedo creer. Así que, arrastrando esa cara de idiota que se te queda tras protagonizar un incidente de semejante calibre, volví a casa, puse el disco “Lonesome Crow” en el equipo del salón, bajé las luces, abrí una botella de vino de esas especiales y pasé las siguientes horas asimilando todo el asunto sumergido en la más absoluta y necesaria soledad. Finalmente el destino fue benévolo y justo un verano después me encontré compartiendo asiento con la jet-set berlinesa más petulante, casposa e irritante en la céntrica plaza de la capital alemana conocida como Gendarmenmarkt mientras Scorpions ofrecían un show especial conmemorativo con la Orquesta de los que no se olvidan. Brindemos por el nuevo año que se nos viene mientras degustamos la versión para Clásica de “We'll burn the sky” que se sacó de la manga el tándem Scorpions/Kolonovits; una gran canción que no tiene nada pero que nació para ser interpretada con una orquesta y a la que esta nueva revisión le otorgó esa dimensión tan especial.




                                                  Scorpions: "We'll burn the sky". Expo 2000.